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Perros del Infierno

¿MOSAD CULPABLE? VERSIONES “CONSPIRANOICAS” REFUERZAN “VERSIÓN OFICIAL”

Redacción.- De entre los informes conspiranoicos que han aparecido en las últimas semanas, merece destacarse esta pieza que recibimos hace algunos dias firmada por “Roberto Serrano” (cuyo nombre corresponde al batería de un conjunto heavy, a un profesor de Ciencia Económica de Providence, EEUU, y a un par más de sujetos que circulan por Internet, pero no a un analista político). Otra vez estamos ante un “dossier” de padre y madre desconocido. ¿A qué se debe esta inflación de “teorías conspiranoicas”?
Si quieres sembrar la confusión, procura que haya un sinnúmero de “teorías alternativas” a la “versión oficial”, tales que, por su mismo contenido improbable, fantasioso o inmaduro, se anulen unas a otras y entierren a “teorías alternativas” más sólidas.
Por su origen, esta teoría conspiranoica que adjuntamos a título de curiosidad, se ha difundido en entorno habitualmente antisemitas, lo que indicaría un origen de extrema-derecha. Pero tampoco eso es completamente obvio. Los medios islamistas también pueden asumir esta teoría que les libera de responsabilidad y la achaca sobre el Mosad... pero, entonces, ¿cómo explicar que precisamente los atentados del 11-M hayan llevado a la defección de España de la coalición internacional y, por tanto, vuelto más inestable la situación de Sharon y del propio Estado de Israel... pero los “conspiranoicos” suelen realizar grandes teorías globales que registran fallos a “distancias cortas”.
Por lo demás, el informe parte de datos que, efectivamente, han circulado pero que distan mucho de estar contrastados (los agentes del CNI españoles asesinados en Irak lo fueron en una emboscada fortuita, no hay nada que permita pensar que “hubo algo más”). Tampoco está clara la presencia de oficiales de la “inteligencia iraquí” del régimen de Saddam en España. Y todo así.
En resumen: contra más teorías conspiranoicas haya y más débiles sean, más quedará reforzada la “versión oficial”. Para que una teoría pueda ser considerada como “alternativa”, debe de responder a ciertas exigencias de “calidad”: ser integradora, explicar tanto lo particular como lo global; asentarse sobre algunos datos objetivos contrastados (no sobre especulaciones infundadas, situadas en el vacío) y, sobre todo, carecer de impulso “teoleológico”: es decir, debe de ser abierta a las nuevas informaciones que vayan apareciendo.
Una teoría que responsabiliza al “Mosad” de los atentados del 11-M, aportando unos pocos datos, seduce solamente la fértil imaginación de quienes están predispuestos para actitudes antisemitas... pero contribuye a oscurecer todavía más el camino que conduce a la verdad.
Reproducimos a continuacion, a titulo de curiosidad, el informe citado:

¿POR QUÉ EL SERVICIO DE INTELIGENCIA ISRAELÍ ORGANIZÓ EL ATENTADO DEL 11-M EN MADRID?

Pasado más de un mes de la masacre del 11-M hay una pregunta que sigue estando en el aire: ¿puede un grupo de delincuentes comunes, gran parte de ellos fichados por la policía, preparar un atentado de estas características, sin que las Fuerzas de Seguridad del Estado consigan detectarlo?

Para dar respuesta a esta pregunta remontémonos al Líbano de 1982. El 6 de junio de ese año el ejército israelí invade el Líbano con la intención de acabar de una vez por todas con las bases de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), desde las cuales terroristas palestinos preparaban atentados e incursiones en Israel.

El ejército de Ariel Sharon, entonces ministro de Defensa, llega hasta Beirut, ciudad a la que somete a un asedio que causa más de 10.000 muertos y 20.000 heridos. Tras dos meses de combate, el mediador norteamericano Philippe Habib logra el compromiso de la OLP de desalojar Beirut Oeste a cambio de garantizar la seguridad de la población palestina afincada allí. La OLP abandona la ciudad el 1 de septiembre y la fuerza multinacional el 10 de ese mismo mes. Del 16 al 18 de septiembre los campos de refugiados de Sabra y Chatila son ocupados por Las Falanges Libanesas (grupo armado libanés financiado y apoyado por Israel) que junto con la colaboración del ejército israelí se entrega a una orgía de sangre en la que se asesina en dos días a más de 2.000 personas, la gran mayoría ancianos, mujeres y niños (los hombres capaces de empuñar armas se habían retirado tras el acuerdo suscrito hacía sólo 15 días).

La masacre de los campos de refugiados tuvo una virulenta reacción internacional que obligó a Israel a abandonar Beirut y posibilitó el despliegue de una fuerza multinacional estadounidense con soldados británicos, franceses e italianos. Al mismo tiempo la opinión pública israelí exige abrumadoramente la dimisión de Menajem Beguin (Primer Ministro) y de Ariel Sharon.

El informe de la Comisión Kahan (encabezada por el presidente del Tribunal Supremo de Israel, Eailan Kahan) determinó las responsabilidades políticas y personales de ambos personajes, lo que ocasionó la dimisión de Sharon aunque no así su enjuiciamiento.

Al fin, la fuerza multinacional abandonaría el Líbano después de que el 23 de octubre de 1983 un atentado suicida de grupos palestinos radicales causara la muerte de 241 marines. El Servicio de Inteligencia israelí, el Mossad, sabía que se produciría este atentado pero no avisó a los EE.UU. No quería testigos incómodos ni ejércitos capaces de estabilizar la zona. Después de esto el Líbano se vio inmerso en una guerra en la que no menos de 5 bandos luchaban entre sí financiados por Irán, Siria e Israel y con los ejércitos de estos dos últimos países presentes en la zona. (la ocupación israelí duraría hasta el año 2000).

En resumen : la estrategia de Menajem Beguin y de Ariel Sharon para evitar los ataques y atentados de la OLP desde el Líbano consistió en provocar una guerra civil que mantuviera “entretenida” a la OLP, al gobierno libanés y al resto de grupos armados, provocando de paso matanzas que mermaran el número de palestinos que un día podrían decidir regresar a Israel. Algo cruel pero simple: si se matan entre ellos no tendrán tiempo de atacarme a mí. Sharon demostró que el asesinato de miles de personas no sería un obstáculo si lo que estaba en juego era la seguridad de Israel.

¿Cuál es la situación de Israel en el día de hoy? Desde el comienzo de la última intifada, los atentados suicidas han hecho que la población israelita viva en tensión permanente. Salir a tomar un café o montar en autobús puede convertirse en cualquier momento en el prólogo de una masacre. Esto ha hecho que el pasado año, por primera vez en la historia de Israel, se hayan marchado del país más judíos de los que han llegado para establecerse. Israel ya no es ese lugar seguro que los sionistas de principios del siglo XX soñaron para acoger a todos los judíos perseguidos del mundo; más bien es el lugar del planeta donde un judío tiene más posibilidades de ser asesinado.

La encrucijada en la que se encuentra Ariel Sharon, actual Primer Ministro israelita (increíble pero cierto), no es sencilla; el proyecto de Estado por el que lleva luchando toda su vida corre peligro de hacer aguas ante la galopante natalidad palestina y la huída del país de la población judía. Sabe que o termina con el terrorismo palestino o lo que puede dar por terminado es el estado de Israel.

Hace ya tiempo que Sharon ha amenazado a Irak, Irán y Siria con agresiones armadas, responsabilizándoles de ser los instigadores del terrorismo palestino (realmente nadie duda de que sean ellos). Hay una realidad que se viene cumpliendo en los últimos 50 años: cuanta mayor estabilidad hay en estos tres países más atentados palestinos se producen y más israelitas mueren. La única opción que le queda a Sharon es la guerra abierta o conseguir a través de terceros que estos países se vean inmersos en el caos repitiendo el “experimento” que llevó a cabo en el Líbano.

En esta dinámica lo que más le interesa a Sharon es que las tropas de la coalición abandonen cuanto antes Irak para llegar a una situación de guerra total en el país en la que previsiblemente se verían implicados Siria e Irán. En el caso de este último, su implicación es algo más que segura puesto que el 60 % de la población iraquí es chiíta, rama del Islám mayoritaria en Irán; de nuevo pues, los mismos actores de la Guerra del Líbano.

¿Cómo conseguir esto? No hace falta interpretar un guión diferente al de Beirut en 1982: el Mossad toma contacto con un grupo resistente iraquí y le da apoyo logístico y armas para que hostigue a las tropas extranjeras y a los otros bandos en litigio con la promesa de que una vez las tropas de la coalición sean expulsadas el apoyo israelí les dará la victoria definitiva sobre los otros grupos armados.

Lo más sencillo para el Servicio de Inteligencia israelí habrá sido entrar en contacto con los restos del antiguo servicio secreto iraquí y del ejército de Saddam. No olvidemos que en su día EE.UU ya utilizó al ejército de Saddam para mantener a raya al régimen integrista de Jomeini. Es decir, ya tienen práctica en meterse en guerras “de encargo”. Esta estrategia aderezada con macroatentados como el de agosto pasado en la Mezquita de Nayaf, en la que murieron 91 fieles, generaría el mismo caldo de cultivo ponzoñoso que ha mantenido en Guerra Civil al Líbano durante más de 25 años.

Este atentado merece especial atención. Nadie reivindicó su autoría y se achacó a los disueltos servicios secretos de Saddam. Sin embargo un atentado contra una mezquita, lugar sagrado para cualquier musulmán, no parece obra de ningún iraquí y mucho menos del socorrido Bin Laden; parece más bien obra de algún servicio secreto poco respetuoso con la fe islámica y muy interesado en que estalle la guerra civil. El Mossad empezaba ya a dejar sus primeros rastros.

No hay que olvidar que el Mossad antes de ser servicio de inteligencia fue grupo terrorista. Antes de que el 15 de mayo de 1948 Gran Bretaña terminara su mandato sobre Palestina y permitiera a los judíos la formación del Estado de Israel, había tres grupos armados judíos (Stern, Irgun y Haganah) que realizaban actos terroristas contra objetivos británicos y árabes como medio de presión para conseguir sus fines. Las acciones más sonadas fueron el atentado del Irgun en el Hotel Rey David en 1946 que ocasionó 91 muertos y la matanza en la aldea palestina de Der Yassin donde según la Cruz Roja Internacional murieron 254 personas (muchos palestinos ante esta masacre decidieron abandonar el país).

Los componentes de estos grupos armados fueron los que, una vez formado el Estado de Israel, constituyeron la oficialidad del ejército israelita y de sus servicios secretos. Concretamente el líder del grupo Stern, Menajem Beguin, a llegado a ostentar el cargo de Primer Ministro. Siendo ya Primer Ministro, Beguin llegó a declarar: “No hubiera habido Estado de Israel sin Der Yassin”.

Es decir, que el Mossad históricamente está bien familiarizado con las tácticas terroristas: sabe como planearlas y ejecutarlas y sabe medir perfectamente el efecto psicológico que en un país tiene un atentado con cientos de víctimas como el de la Mezquita de Nayaf o el de Atocha en Madrid.

Volvamos a la situación actual de Irak. A diferencia de lo que hizo en el Líbano, esta vez EE.UU se ha rodeado de una coalición de más de 30 países, de los cuales destaca Inglaterra, Italia y España. Ahora mismo un atentado contra los marines o en suelo americano contra población civil no supondría el abandono de la zona por parte de EE.UU. La conmoción del atentado contra Las Torres Gemelas con más de 3000 víctimas hace que aún hoy grandes sectores del pueblo americano estén a favor de la invasión de Irak, puesto que en su día se hizo responsable al régimen de Saddam de apoyar a la Red Al Qaeda (a la larga no se ha podido demostrar ninguna conexión).

Desanimar a Inglaterra y conseguir que abandone Irak tampoco es fácil. Gran Bretaña a diferencia de España sí participó en los combates directamente y la opinión pública británica aguantó el tirón sin reclamar la vuelta de las tropas, a pesar de las bajas sufridas. Se puede pensar incluso que ante un atentado en cualquiera de estos dos países (EE.UU y Gran Bretaña) el ánimo de la opinión pública podría galvanizarse y pedir más mano dura en Irak.

Si Israel quería dar un golpe de efecto que abriera una brecha en la coalición debía hacerlo en un país con “más garantías”. Como siempre, la cuerda se rompe por el sitio más débil y en este caso el sitio más débil era España. El gobierno del Partido Popular apoyó la intervención en contra de la opinión de una gran mayoría de españoles que así se lo hicimos saber con una serie de manifestaciones sin precedentes en Europa.

Para cualquier analista medianamente avispado era previsible que una matanza en Madrid justo antes de las elecciones generales causaría un vuelco en los resultados electorales. Los analistas del Mossad no son unos personajillos medianamente avispados, son componentes del que nadie duda en calificar como el mejor Servicio de Inteligencia del mundo.

La pregunta que se nos plantea ahora es la siguiente : Si el Mossad organizó el atentado en Madrid ¿Cómo es que después de más de una treintena de detenciones no se ha podido establecer ninguna relación entre los marroquíes de Lavapiés y el Mossad?

Esto se consigue organizando el atentado en diferentes niveles:

Nivel 1- Mossad

Nivel 2- Restos del antiguo servicio de inteligencia de Saddam

Nivel 3- Brazo ejecutor formado por los marroquíes de Lavapiés

El diseño del atentado: lugar, fecha, tipo de explosivo, planificación en general correría a cargo del Mossad. La búsqueda del grupo que ejecute el plan sería misión de algún/algunos ex-agentes de Saddam Hussein con numerosos contactos en el mundo del terrorismo integrista. Los miembros del nivel más bajo jamás sabrán quien organiza y financia la operación, puesto que sólo uno de ellos es el que tiene contacto con el nivel superior para recibir instrucciones y dinero. De esta manera se aseguran de que, aunque se detenga a todo el comando, no pueda ser descubierto el verdadero origen de la operación, a no ser que se detenga a la persona clave que tendrá la firme determinación de que jamás le cogerán vivo.

Cabe destacar en este sentido que, de todos los detenidos, sólo el grupo de Leganés decidió suicidarse. Casi con toda seguridad uno de aquellos suicidas era el contacto clave entre el nivel 2 y el 3. Con su muerte se llevó a la tumba gran parte de las posibilidades de poner nombre y apellidos a esta trama.

La única pista que hasta el momento parece llevar hasta la autoría de elementos del ex-ejército iraquí la proporcionaron los Servicios Secretos italianos. A principios de año avisaron al CNI español de que había rumores de que Walid Salem Omar, ex–coronel de Saddam tenía prevista su llegada a España el 6 de febrero de 2004 dispuesto a cometer atentados. Su empresa, Ibn Fernas, está englobada en el grupo Hispano Arabe, S.A. que tiene su sede social en el Pº de la Habana de Madrid. El CNI siguió esta pista y redactó un informe de dos hojas en el que se especifica que Walid se había detenido en Siria y había sacado una gran cantidad de dinero en metálico de un banco de Damasco. Según el escrito viajaría con ese dinero y habría hecho una escala técnica en Marruecos, concretamente en Agadir. A parte de esto el CNI no obtuvo nada más de la investigación de Walid.

A pesar de todo, todavía quedarían los contactos entre el nivel 1 y el 2 que podrían haber sido detectados por el CNI y haber llevado a la neutralización del atentado. Pero para detectar esto habría que hacerlo directamente en suelo iraquí que es donde el Mossad debe estar actuando con menos tapujos. Aquí es donde encaja el asesinato en pocos meses de 8 agentes del CNI, algo sin precedentes en la historia del Centro.

En su momento se dijo que la emboscada del 28 de noviembre en la que murieron 7 de los 8 agentes asesinados en total, era un atentado de resistentes iraquíes contra objetivos españoles. Sin embargo, estas siete personas no eran unos objetivos normales. Eran agentes de incógnito, difícilmente identificables por simples resistentes. Habría sido mucho más fácil atentar contra los acuartelamientos españoles, perfectamente localizados y con decenas de soldados pululando a su alrededor uniformados y fácilmente reconocibles.

Quienes mataron a estos agentes sabían bien a quien disparaban, como parece demostrarlo el hecho de que días después del atentado de Atocha, la policía italiana detuviera a un marroquí sospechoso de ser terrorista y encontrara en su poder una cinta de vídeo en la que se había grabado la documentación de 7 de los 8 agentes del CNI asesinados en Irak.

A todas luces alguien proporcionó a los “resistentes iraquíes” la identidad de estos agentes. ¿Y quien es capaz de “pinchar” los archivos del servicio de inteligencia de un país? ¿Un grupo terrorista? ¿Los restos del servicio de inteligencia iraquí, en situación precaria desde la invasión norteamericana?. Alguien capaz de robar información del CNI sólo puede ser otro servicio de inteligencia; y no uno cualquiera, sino uno muy bueno; uno como el Mossad.

Los 8 agentes del CNI fueron asesinados para obstaculizar sus investigaciones en Irak que les podían haber llevado a descubrir que se estaba preparando la carnicería de Atocha. Fueron pues las primeras víctimas del 11-M. Se puede decir que eran los cabos sueltos que había que ir atando.

Pero aún quedaban más cabos sueltos. Una vez decidida la masacre en Madrid y elegido el grupo que la iba a cometer había que asegurarse de que la conmoción por el holocausto llevara a un cambio de gobierno que supusiera la retirada de las tropas españolas de Irak.

La fecha se eligió minuciosamente. No podía ser después de las elecciones, ni tampoco mucho antes, ya que el Partido Popular podría tener tiempo de rehacerse. Debía ser sólo tres días antes y que en esos tres días todo ocurriera de forma que el PP quedara KO.

En la Nochebuena de 2003 la organización ETA intenta un atentado calcado al del 11- M : trenes, mochilas bomba y como objetivo una estación de tren en Madrid, la de Chamartín. El buen hacer de las Fuerzas de Seguridad del Estado impide la masacre. 15 días antes de las elecciones, de nuevo las Fuerzas de Seguridad del Estado abortan otro atentado en Madrid, interceptando una furgoneta cargada con 500 kgs de explosivos a su paso por un pueblo de Cuenca. Se estaban sentando las bases para que el PP se tragara el anzuelo de la autoría etarra.

¿ Cómo encajan estos hechos dentro de la trama del 11M?

En el estado en el que se encuentra la organización terrorista ETA, el CNI debe tener no uno sino varios topos infiltrados en ella. El más famoso topo que el CNI ha tenido en la cúpula de ETA, conocido como “El Lobo”, describe en el libro que publicó cómo el mismo estimulaba a la banda en períodos de baja actividad para que cometieran atentados y así favorecer la detención de sus activistas. En esta dinámica es fácil imaginarse a algún elemento del CNI dando la orden a los topos de ETA para que prepararen los dos atentados, anteriormente citados, poco antes de las elecciones.

Esto nos lleva a la conclusión de que dentro del CNI tiene que haber alguien que estaba al tanto de lo que iba a ocurrir en Madrid el 11-M. Alguien con capacidad de mando sobre las operaciones de infiltración en ETA, que usó a sus subordinados haciéndoles cómplices involuntarios de un atentado que esta vez, desgraciadamente, no iba a ser fallido y que además facilitó la documentación de sus compañeros para que fueran asesinados en Irak.

De nuevo nos tenemos que hacer esta pregunta : ¿ quien tiene capacidad para tener un agente doble en el servicio de inteligencia de un país? evidentemente, un grupo terrorista no; tiene que ser otro servicio de inteligencia y no uno cualquiera, seguramente el mejor.

A partir del momento en que se produce el atentado, el Partido Popular recibe información sesgada o claramente manipulada para que abiertamente crea que es ETA la responsable. Los dos intentos fallidos que había protagonizado la banda terrorista parecían no dejar lugar a dudas y el ministro Acebes termina de ahorcar al PP con sus cuestionables apariciones en televisión. No termina aquí el papel del CNI. En su comparecencia en los medios de comunicación, Rubalcaba, portavoz del PSOE, reconoce que desde el primer momento su partido tuvo información filtrada por el CNI que señalaba a grupos islámicos como autores del atentado. Esto por sí sólo es una grave irregularidad puesto que el CNI debe ser una caja hermética que sólo dé información al gobierno en funciones. Si a esto unimos que la información que dio a PP y PSOE no fue la misma (ahí están los papeles del CNI que a destiempo y con todo perdido desclasificó el PP) la sospecha de que alguien dentro del CNI formó parte de la trama del 11-M se hace más sólida.

La persona que debe buscarse es alguien que tenga acceso o mando directo sobre las operaciones de infiltración en ETA, las operaciones del CNI en Irak y la gestión de la información que se da al Gobierno. Tantas responsabilidades sólo pueden descansar en una persona que esté muy, muy arriba, en la Dirección del Servicio de Inteligencia, a nivel de número 1 o número 2. No sería la primera vez en la historia que se pierden batallas, guerras y haciendas por tener un traidor en la parte más alta de la tabla.

El último punto sospechoso en relación al atentado es la rapidez con la que se iban encontrando pistas que determinaban claramente quienes eran los responsables. Fue algo vertiginoso y nunca antes visto en otros atentados de Al Qaeda, que siempre tarda meses en reivindicarlos y es experta en no dejar pistas (a día de hoy sólo se ha juzgado a una persona en relación con los atentados de las Torres Gemelas). Era como si los terroristas, como en el cuento del niño en el bosque que va dejando miguitas para que le encuentren, estuvieran empeñados en que se les descubriera cuanto antes, mejor dicho, justo antes de las elecciones del 14 M.

Con todo lo expuesto hasta ahora queda claro que el atentado fue minuciosamente preparado no dejándose nada al azar. A dos meses vista del mismo se han cumplido los objetivos: las tropas españolas se van, desencadenando un rosario de retiradas de otros países, el Mossad no se ha visto implicado ni de lejos, e Israel aprovecha la conmoción internacional frente al terrorismo islámico para recrudecer su política contra los palestinos.

El único fallo del Mossad en toda la trama ha sido su deseo de dejar todo atado y bien atado, que le ha llevado a sobreactuar. Meses antes del 11-M el Servicio de Inteligencia israelí avisó no una ni dos sino ¡10 veces¡ al CNI de que se iba a producir un atentado en Madrid, realizado por grupos islámicos. Cuando este se produce, la reacción israelí fue de golpes de pecho y gran enfado porque ellos ya lo avisaron y el CNI no hizo caso. Sin embargo, cuando han sido requeridos para que faciliten la información que les había hecho estar tan seguros de que se iba a perpetrar el atentado, han declarado que en el fondo ellos también se habían visto sorprendidos porque ninguno de los grupos que ellos investigaban estaba relacionado con los detenidos en Lavapiés.

Cabe preguntarse : si ninguno de los grupos que ellos investigan tiene relación con los detenidos en Lavapiés ¿De dónde parten los rumores? Si llega a tus oídos un rumor de atentado sólo puede venir de grupos que tú investigues, evidentemente no de grupos que no estás investigando. Para el Mossad el atentado no era ningún rumor, era una certidumbre, puesto que ellos lo planearon. Avisaron para cubrirse las espaldas y porque sabían perfectamente que quienes cometerían el atentado iban a ser en su mayoría delincuentes comunes que en ningún caso estaban relacionados con las redes integristas. Si el CNI investigaba a los grupos islámicos que tenía controlados, fiándose del chivatazo israelí, jamás podría llegar al comando de Lavapiés, puesto que este era un comando atípico constituido casi por completo (salvo dos o tres elementos) por delincuentes comunes que están fuera del ámbito de investigación de los expertos en terrorismo integrista.

Termino este análisis recordando las palabras de Abraham Burg, Ex-presidente del Parlamento Israelí, cuya voz se ha alzado virulenta contra el gobierno de Ariel Sharon.

“Israel ha entrado en un proceso de decadencia moral. Un F-16 ataca un edificio en el que viven inocentes y los oficiales dicen que no les quita el sueño. Estamos carcomidos. Yo no puedo olvidar que en nuestro Gobierno hay tres tipos de ministros. Unos quieren la Guerra con Siria; otros, con el conjunto del mundo árabe y los terceros, la guerra sin más”.

Autor : Roberto Serrano

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