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Perros del Infierno

"TESTIGOS PROTEGIDOS": NO TODOS COINCIDEN

Redácción.- Algunos de los testigos de los atentados han pedido ser "testigos protegidos" según informa "El Confidencial Digital". Ahora bien, en este artículo se perciben los dos problemas que las fuerzas de seguridad del Estado encuentran con estos testigos: en principio, son pocos, y en segundo lugar, no coinciden. Algunos testigos "caerán" en el juicio: los abogados defensores -si verdaderamente "defienden" a sus clientes- harán constar que Zougam, por ejemplo, fue, primero detenido, luego su foto fue publicada en todos los medios y... finalmente, dos personas afirmaron haberlo visto en la estación de Alcalá. El abogado podrá demostrar con facilidad que un reconocimiento realizado con posterioridad a que se haya difundido la foto del "presunto culpable", es inválida. Pero lo peor es cuando las descripciones no coinciden con ninguno de los detenidos, ni de los sospechosos y, además... ni siquiera los rasgos son magrebíes.

[de El Confidencial Digital]

Al menos una de las personas que ha declarado en el sumario abierto tras el 11-M ha exigido al juez de la Audiencia Nacional que lo instruye, Juan del Olmo, declarar bajo la protección del Estatuto de Testigo Protegido, según se desprende de los documentos policiales a los que ha tenido acceso El Confidencial.

Dicha solicitud se produjo a las once y media de la mañana del 15 de marzo, cuatro días después de la masacre, cuando una persona afirmó poseer información sobre uno de los sospechosos, un tal Mohamed Hadad -curiosamente, aún no detenido-, aunque para revelarla exigía a la Policía acogerse a la figura de testigo protegido.

Los encargados de la investigación no lo dudaron ni un momento y, después de notificar por telefonema -el cauce habitual para comunicar al juzgado la petición de autorizaciones-, telefonearon con urgencia al magistrado por miedo a que el testigo se echara para atrás. Una hora después, el juez Del Olmo comunicaba oficialmente su visto bueno a la solicitud y adjudicaba al testigo el nombre en clave con el que, a partir de ese momento, ha aparecido en el sumario: TP-1.

No es ésta, sin embargo, la única persona que ha declarado en el sumario y que ha intentado preservar su identidad. Así, durante las horas que siguieron a los atentados, en las que numerosos policías recorrieron los hospitales de Madrid entrevistando a decenas de heridos en busca de datos que permitieran identificar a los autores, al menos dos personas facilitaron a los agentes números de teléfonos móvil de contacto. Uno, como máxima concesión, dio a conocer su nombre de pila, José Luis, como recoge un documento policial fechado el 12 de marzo a las nueve de la mañana..

A pesar de las reticencias de algunas de las víctimas, los testimonios de los testigos se han revelado como fundamentales en las investigaciones del 11-M. Así, junto a declaraciones que aportaban vagas descripciones sobre sospechosos de los atentados, otras fueron muy detalladas.

Es el caso de una mujer a la que miembros de la investigación tomaron declaración en el servicio de Urgencias del Hospital Central de la Defensa, antiguo Gómez Ulla, y que describió a un individuo que portaba “una bolsa de deportes de grandes dimensiones de color azul que colocó bajo el asiento que ocupó” como “varón, de 30 a 35 años de edad, de 1’65 a 1’70 metros de estatura, moreno, con pelo corto de punta, de complexión ‘gordita’, con la piel muy blanca, cara muy redonda y papada, que viste chándal de color azul, sudadera del mismo color, una cazadora de color marrón claro y una gorra con visera puesta hacia atrás”.

Incluso en las primeras horas de las investigaciones, la Policía pudo elaborar al menos dos retratos robot de los presuntos terroristas gracias estos testimonios. De hecho, uno de ellos se ha convertido en una prueba de cargo más contra uno de los primeros detenidos, Jamal Zougam, con cuyo rostro guardaba un gran parecido.

Otros testigos, sin embargo, aportaban su grano de arena a las investigaciones reconociendo sin género de dudas a los presuntos terroristas entre las fotografías que le mostraba la Policía. Así, Mohamed El Bakkali, otro de los primeros detenidos, fue señalado como uno de los que colocó las mochilas bomba en los trenes de la muerte por al menos dos personas sólo en la semana que siguió a los atentados. Testimonios claves para desmontar la coartada que El Bakkali ha repetido una y otra vez desde su detención para demostrar su inocencia.

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